Anatomía de la economía popular

Autor:

Roberto Angulo

Socio Fundador Inclusión SAS

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La economía popular no es solamente informal, de subsistencia, precaria o improductiva; se trata del tejido de las unidades económicas de baja escala.

Encumbrada por unos y denostada por otros, la economía popular se ha convertido en el centro de atención del debate sobre desarrollo productivo en Colombia.

Algunos la han definido como la economía del pueblo, otros como la economía informal, otros la han equiparado al rebusque o a la subsistencia. Mientras que sus defensores la encuentran fértil por definición, la ortodoxia económica la considera estéril o improductiva.

En medio de esta confusión, animada más por el prejuicio que por el análisis, el DNP lanzó en el Plan Nacional de Desarrollo la siguiente definición que puede ayudar a desenredar la madeja: “La economía popular se refiere a los oficios y ocupaciones mercantiles (producción, distribución y comercialización de bienes y servicios) y no mercantiles (domésticas o comunitarias) desarrolladas por unidades económicas de baja escala (personales, familiares, micronegocios o microempresas), en cualquier sector económico”.

Si bien algunos dirán que esta definición de economía popular es tan amplia que le cabe casi todo, pienso que es justamente por eso que puede calmar la algarabía. Según esta definición, la economía popular no es exclusivamente informal, de subsistencia, precaria o improductiva; se trata simplemente del tejido productivo de las unidades económicas de baja escala.

El gobierno acierta con esta claridad, y la definición que propone es compatible con la noción de micronegocios del Daneque considera en esta categoría a todas las unidades productivas que tienen entre uno y nueve trabajadores.

Para entender la inclusión productiva en Colombia, la Organización las Naciones Unidas y el equipo de Inclusión SAS, emprendimos una investigación (próxima a ser publicada) que derivó, entre otras cosas, en la creación de un índice multidimensional de robustez de micronegocios (IMICRO), que tiene por objeto medir la robustez de estas unidades productivas de acuerdo a nueve atributos en las dimensiones de contabilidad y finanzas, TIC y formalización. El índice está calibrado contra un conjunto de indicadores de desempeño y permite clasificar a los micronegocios como robustos o débiles.

Los resultados del IMICRO son sorprendentes: primero, de los 5,7 millones de micronegocios que hay en el país, 33% son robustos. Segundo, si bien hay una relación directa entre robustez y nivel socioeconómico del propietario, 46% de los micronegocios robustos pertenecen a propietarios pobres o vulnerables. Tercero, no todos los micronegocios son estériles o improductivos, los robustos tienden a mejorar en el tiempo sus indicadores de desempeño, mientras que los débiles se estancan en bajos niveles de productividad. Cuarto, no todos los micronegocios son informales (77%) y no todos los informales son débiles, 45% de los robustos son informales.

Elinor Ostrom decía que la tendencia a asociar ‘informal’ con ‘desestructurado’ y ‘caótico’ debía acabarse por ser conceptualmente desacertada y empíricamente débil. Los resultados del IMICRO le dan la razón y sugieren que una apuesta seria por estimular la economía popular pasa por apartarse del prejuicio y entender su diversidad.

ROBERTO ANGULO
​Socio Fundador de Inclusión SAS.
Rangulo@inclusionsas.com

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