Gotas amargas para animar el debate sobre pobreza

Autor:

Roberto Angulo

Socio Fundador Inclusión SAS

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¿Cómo sincronizar mejor las transferencias con la situación de hogares rurales para no seguir perdiendo potencia en la reducción de pobreza?

La semana pasada el Dane publicó las cifras de pobreza de Colombia correspondientes al año 2021. En promedio las noticias fueron buenas para el país: la pobreza monetaria se redujo de 42,5% a 39,3%, la pobreza monetaria extrema de 15,1% a 12,2% y la pobreza multidimensional de 18,1% a 16%. La publicación de una buena noticia sobre pobreza en la recta final de un gobierno impopular, y en una campaña presidencial donde a ningún candidato le interesa reconocerle algo Iván Duque, hizo que el debate público fuera menos intenso que en otros años.

Sin otro propósito que animar el debate, arranco por opinar que en promedio las cifras son buenas, y que el hecho de retomar una senda de reducción de pobreza después de experimentar la peor crisis social de la historia reciente no debería ser considerado un logro menor del país ni mucho menos pasar desapercibido (y aquí incluyo a los hogares, a las empresas y al gobierno). Pero ojo, cuando de mediciones de pobreza y bienestar se trata, conviene ir más allá de los promedios, no sea que terminemos comiéndonos un pastel envenenado; por eso quiero aportar tres gotas amargas como antídoto contra una lectura cándida de estos números:

Primera gota amarga: a pesar de que la pobreza monetaria cayó en el promedio nacional, en las zonas rurales aumentó como resultado de un cóctel de altísima inflación (reforzada por el encarecimiento de la línea de pobreza inducido por la suspensión de los subsidios de gratuidad en servicios públicos), un efecto desigualdad y un crecimiento del ingreso de los hogares que no pudo contener las anteriores (aún en presencia de reactivación). Si esto fuera una carrera de ciclismo, en 2021 la cuesta que enfrentaron los hogares rurales se hizo más empinada que la del año anterior y su bicicleta, es decir su mercado laboral, es mucho menos buena que la del resto del pelotón.

Segunda gota amarga: si bien el efecto de las transferencias monetarias se mantuvo en el promedio nacional, en la zona rural perdió potencia: mientras que en 2020 el efecto en la pobreza extrema rural de los subsidios en dinero fue de 9.7 puntos porcentuales (p.p.), en 2021 fue de 7.9 p.p.

Tercera gota amarga: aunque el índice de pobreza multidimensional nacional se recuperó en 2021 y se ubicó en un punto más bajo que en 2019, al abrirlo se observa que el indicador del porcentaje de hogares pobres con privación en inasistencia escolar prácticamente se duplicó durante el mismo periodo.

¿Cómo controlar la inflación? ¿Como potenciar el efecto crecimiento en el campo? ¿Cómo sincronizar mejor las transferencias monetarias con la situación de los hogares rurales para no seguir perdiendo potencia en el efecto reductor de la pobreza? ¿Cómo impedir que la inasistencia escolar se convierta en deserción, pérdida de capital humano y trampa de pobreza de una generación entera de población pobre y vulnerable?

Roberto Angulo
Socio Fundador de Inclusión SAS.
rangulo@inclusionsas.com

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