De la pobreza energética y otros demonios

Autor:

Roberto Angulo

Socio Fundador Inclusión SAS

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Si Colombia quiere reducir la pobreza energética, debería incluir sin ambigüedades este objetivo como constitutivo de su transición.

Hace un par de meses publiqué una columna en este mismo espacio que se tituló Transición energética y pobreza. En ella señalé algunos vínculos entre la transición energética y la pobreza monetaria; ésta última en su definición tradicional, que es la insuficiencia de ingresos de los hogares al punto que les impide adquirir una canasta mínima de alimentos y otros bienes y servicios.

Hoy espero complementar esa visión con tres conceptos que, aunque menos conocidos que las definiciones oficiales de pobreza, considero útil ponerlos sobre la mesa ahora que hay ‘tempestad de espadas’ entre el gobierno, algunos expertos y el sector de minas y energía. El primer concepto es el de privación en energía, se refiere puntualmente a la falta de acceso a la energía, es decir a la situación de no contar con acceso al servicio público de energía o a un combustible idóneo para cocinar. La privación en energía ocurre, entre otras cosas, por la precariedad de las condiciones del hábitat del hogar o porque éste tiene baja capacidad de pago para el consumo.

El segundo concepto es el de vulnerabilidad energética, que va más allá del hecho de tener o no acceso y se enfoca en las condiciones que elevan el riesgo de que una persona o una comunidad caiga, bien sea de forma transitoria o permanente, en una situación de privación en energía.

La vulnerabilidad energética es causada por características individuales o del hogar como ingresos bajos e inestables, discapacidad, edad, entre otras; o colectivas como las fallas en la alineación de actividades, infraestructura y recursos necesarios para garantizar la provisión de energía a los hogares cumpliendo ciertos atributos de asequibilidad, eficiencia y calidad. Y el tercer concepto es el de pobreza energética. Basado en el enfoque de capacidades de la filósofa Martha Nussbaum y el economista Amartya Sen, que define la capacidad como el conjunto de cosas que una persona puede ser o hacer con su vida, este concepto se enfoca, más que en la energía en sí misma, en las cosas en las que se usa la energía, tales como la alimentación, la educación, la movilidad, los servicios de salud, las comunicaciones, entre otros.

Somos un país de bajo consumo per cápita de energía; más de 5 millones de personas viven en hogares que cocinan con leña; la capacidad de pago es baja o inestable en alrededor del 70% de la población y las brechas territoriales en educación, nutrición y salud y otros fines del bien-estar es alarmante.

Si Colombia quiere reducir la pobreza energética, debería incluir sin ambigüedades este objetivo como constitutivo de su transición. El DNP ha dicho que el gobierno va a revisar la política de transición energética. Medir sistemáticamente estos tres conceptos, y poner los números sobre la mesa, servirá para equilibrar una discusión que en estos primeros cien días ha tenido a la pobreza como una dimensión perdida.

Roberto Angulo
rangulo@inclusionsas.com
Socio Fundador de Inclusión SAS

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